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19.10.16

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Sebastien Chou



El caso es que vivir se ha convertido en eso: en pequeños instantes
de respiración. En escenas cruciales a través del viento. Es así 
como grandes bocanadas de aire se alternan, se cruzan, colisionan,
con otras respiraciones más débiles, se mezclan, se agotan y enloquecen.
Nadie sabe, tampoco imagina, lo que es coger tanto aire, llenarse el cuerpo
de nada, acabar exhausta, herida de respirar de pie, de respirar sentada,
de respirar mañana y el mes que viene y seguir respirando siglos de
respiraciones que ya han sido respirados por egipcios, romanos y fenicios.
Esa actividad frenética que no descansa ni en los sueños ni en las pesadillas.
Ni en estado permanente de shock. Ni en el coma más profundo.
Es, cómo llamarlo, un movimiento arrítmico en el pecho, involuntario,
un poco artístico. Empiezo a respirar aires distintos, africanos, portugueses,
y acabo respirando veranos, madreselvas, piscinas.

La acústica de los iglús, Almudena Sánchez



13.10.16

béla tarr



Béla Tarr nunca se marchó de Shangrila: