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23.7.16

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Uta Barth



Deambulaba largo rato entre la viñas y las encinas, por aquellos lugares
donde sabía que Ippolito solía pasear con el perro; y cada piedra que removía
con el pie se preguntaba si también la habría removido Ippolito, con aquellos
pies suyos que ahora estaban muertos. Y en cualquier parte del campo donde
posara los ojos pensaba que también Ippolito habría mirado en aquella
dirección, y se asombraba de que los ojos de los hombres pasasen sobre
las cosas sin dejar huella, sobre aquella campiña verde y rumorosa
se habían posado miles y miles de ojos de gente muerta.

Todos nuestros ayeres, Natalia Ginzburg



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