Páginas

14.7.16

·



Sebastien Chou




Observa. No hace otra cosa. Toma cientos de fotografías, escamas de piña,
fibras de musgo, pétalos de flor, conchas de caracol, líquenes, se entrega a lo enano,
a lo ínfimo, a lo diminuto. Pero lo que más le impresiona, lo que lo deja boquiabierto,
lo hipnotiza, son las cosas que se derriten, que fluyen, que corren, que queman, que se
funden, que se extinguen, que se esconden, que se desvanecen. Lo que le resulta más
hermoso, más sobrecogedor, son las cosas que no pueden observarse por mucho tiempo,
las que no se repiten, las que sólo ocurren una vez, para ti, una sola vez, y apenas duran
un instante. Luego desaparecen. Eso es lo que le hechiza. (...) Como si le atormentase
lo visible, como si en ello buscase algo desesperadamente. Pero ¿el qué? Tal vez nada.
Tan sólo el sentimiento del tiempo que muere, de las formas que desfallecen.

Tristeza de la tierra, Éric Vuillard



No hay comentarios: