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16.4.16

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Thiago Vidotto




Olía a tierra, así como debió de haber olido en el momento de la creación
del mundo, un olor a tierra madre, y los muertos ―más recientes y más antiguos,
más hermosos y más feos, más jóvenes o viejos, victoriosos o vencidos― que la
alimentaban con sustancias orgánicas y con sentimientos que la renovaban
siempre y la volvían unos millones de años más joven no conseguían entorpecer
en absoluto esta poderosa felicidad, casi física, que esparcía olor a tierra.

Las cuatro estaciones, Ana Blandiana



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