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15.10.14

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Marie Taillefer



La carne me ardía en los puntos escoriados de mis rodillas;
tuve miedo de que tanto dolor me impidiera seguir viviendo,
y al mismo tiempo sabía que estaba viva porque me dolía.
Temí que la muerte pudiera entrar en mí por esas rodillas abiertas,
y al punto puse las palmas de mis manos sobre las heridas.
Y como aún estaba viva, llegó el odio.

En tierras bajas, Herta Müller



2 comentarios:

Darío dijo...

Reniego del odio, pero las realidades que narra Herta necesitan una comprensión diferente, ponerse en el lugar del verdaderamente sufrido. Un abrazo.

Anónimo dijo...

Amor verdadero por Herta.

Esther de Berenice