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4.6.18

soñé que escribiste un signo muy bello de vejez en mi frente


apenas sueño con mamá, pero las pocas veces que ocurre son intensas y me despierto con el corazón 
    rayado, a garabatos, surcadito de un sentir temblar. la última vez, yo cumplía en el sueño la edad
que ella nunca cumplirá por haber muerto. mi cuerpo mi rostro ya no se parecían a su cuerpo y
    su rostro que jamás se arrugarán lo que tal vez los míos sí y tengan que aprender a hacer sin sus 
referentes. acostumbrada al manido “cuánto te pareces a tu madre”, en el sueño (y también fuera
   de él, después), me turbaba lo indecible no reconocerme más en el recuerdo vivo que de ella atesoro.
a pesar de esto, la imaginación no era atroz. en el sueño, mamá venía, me ayudaba a envejecer.

la revista kokoro cumple seis años de pálpitos y lo celebra con un nuevo número dedicado al soñar. 
      aquí podéis leer mi pequeña comisura soñante o roce:






1.5.18

la sospecha



David Jiménez



La muerte se oculta y enmascara continuamente, de manera que
se llega a la sospecha de que siempre se escribe ―aunque no se
sepa a ciencia cierta― en memoria de algo, de alguien.

Pensar y no caer, Ramón Andrés